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20 ago 2015

Prácticas de lectura: recomendaciones para instalar el disfrute por la lectura en el aula.

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La lectura como fuente de placer

Nuevos paradigmas en la construcción del conocimiento, ecosistemas de aprendizaje cada vez más autónomos y la inminente hegemonía de los soportes digitales han marcado importantes transformaciones en la Escuela, y junto con ello aparecen nuevas demandas para replantearse la formación lectora en este contexto.

Por: Fanuel Hanán Díaz

Libros enriquecidos, libros aplicaciones, bibliotecas virtuales y portales con cuestionarios  para responder desde la ubicuidad que ofrece Internet, son algunas de las “innovaciones “que se proponen para acoplarse con los signos de los tiempos. Sin embargo, aun estos cambios siguen siendo adaptaciones de viejos y cuestionables paradigmas. Pretender que la lectura al servicio de la pedagogía se disfrace o se maquille bajo el ropaje de futuristas soluciones digitales, no nos exime de abordar preguntas ineludibles como ¿para qué leer?, ¿qué leer? o ¿cómo asegurar experiencias lectoras inolvidables?

Probablemente debamos comenzar por insistir una vez más que la formación del lector literario debe propiciar encuentros vitales con la palabra, debe fortalecer los lazos emocionales con el libro y tender las condiciones para experimentar la ficción en toda su extensión. No existen estrategias más potentes para conquistar lectores que la elección apropiada de un libro, la lectura subyugante en voz alta, el modelaje lector, la libertad que se conceda para asumir la experiencia lectora y el entusiasmo que se transmita para acercarse a la palabra escrita.

Volver a los orígenes: instalar la magia de la ficción y recuperar las más sencillas pero vitales prácticas de acercamiento al libro. Hoy, en la era tecnológica y virtual, sigue siendo efectiva esta relación emocional con la palabra, esta conexión ancestral con el encanto de escuchar una buena historia.

En búsqueda del lector literario

Efectivamente la Escuela debe ofrecer un espacio fundamental para desarrollar estrategias inteligentes como el pensamiento lógico, la compresión de textos escritos, la identificación de ideas principales… Así como el desarrollo de contenidos transversales, los valores, las conexiones entre áreas del saber. Y obviamente el conocimiento de la gramática, la ortografía y la morfosintaxis de la lengua. Pero, ¿debe utilizarse la literatura para cumplir estos propósitos?, ¿no proveen los libros escolares abundantes reservorios de textos apropiados para esta labor pedagógica?

Hoy en día, así como ayer, resulta impostergable la formación del lector literario. Hacer que a ese lector le brillen los ojos cuando habla de un libro que le ha gustado, suscitar conversaciones alrededor de las lecturas, crear condiciones para que se lea con libertad y entrega, proveer abundantes y variados libros de calidad, entusiasmar, enamorar. La imagen del viaje que los libros aseguran desde la quietud de un asiento, resulta siempre oportuna para describir el influjo que ejerce la literatura cuando un lector se sumerge en la ficción.

Pretender que la lectura por placer tenga un destino pedagógico es la forma más efectiva de inmolar a un lector, de apartarlo definitivamente de esa dimensión portentosa y cautivante que la literatura provee. Cada vez más se hace necesario que los mediadores tomen conciencia de separar ambas aguas, de otorgarle prestancia a la lectura creadora, autónoma y desprovista de señuelos para reforzar contenidos del programa de estudio.

Otras destrezas no menos valiosas, como la conversación, la escritura creativa, la argumentación, la expresión de sentimientos, la interpretación… Pueden asegurar encuentros más genuinos y coherentes con esa experiencia lectora.

Proteger a la lectura por placer de las intromisiones pedagógicas es una responsabilidad del mediador. ¿Para qué leer? Volvemos nuevamente a esta interrogante. Leer no debe conducir necesariamente a una solución práctica. El derecho a leer por leer es también primordial.

Desterremos los cuestionarios, los cuadernos de trabajo, las comprobaciones de lectura de este territorio de la imaginación. Este es el primer paso para abrir la puerta al reino de la ficción, donde muchos viajes nos esperan, donde confrontaremos interrogantes vitales y encontraremos profundas respuestas.

Aún en un contexto altamente digital y la proliferación de soportes la lectura seguirá siendo una destreza fundamental para acceder a la información, para discriminarla, para utilizarla. Sin embargo, los brotes de este complejo mecanismo lector tienen su semilla en el disfrute que, hace posible que un lector se conecte de forma permanente y frecuente con los libros. Hagamos que la lectura sea una experiencia de encuentro, con otros mundos, con la otredad, con nosotros mismos.

Fanuel Hanán Díaz. Licenciando en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello con maestría en Ciencias y Artes Aplicadas mención Televisión. Especialista en Literatura Infantil, escritor y crítico. Ha sido jurado del premio Hans Christian Andersen, de la Bienal de Bratislava y del Premio Bolonia Ragazzi. Ha publicado libros teóricos y artículos en revistas internacionales, y ha sido conferencista invitado en diferentes universidades europeas. Actualmente es Gerente de la línea infantil del Grupo editorial Norma.